Si nadie lee… por qué escribes.
Hace unos días alguien que vió éstos escritos en las redes
preguntó, sin ánimo de ofender ni con tono semejante: ¿Si nadie o casi nadie te
lee, por qué escribes? Todos, media vez somos llamados por Dios y respondemos a
ese llamado, tenemos una asignación a una tarea “específica” en el reino. Esto
fue diseñado así, para poder llevar a la “perfección” al pueblo de Dios por
medio de la “edificación” (entiéndase si se quiere enseñanza, guía, asesoría, o
intercesión por otros) (Efesios 4:11). El punto es el siguiente: En nuestro
caso fuimos llamados a estudiar y compartir lo que Dios nos imparte en cada
estudio, haciéndolo como dice la escritura: “Dando de gracia (sin costo alguno
para nadie), lo que de gracia recibimos del Señor” (Mateo 10:8). En otro
sentido, y “guardando las respectivas distancias” ¿Ya analizamos que cuando el
apóstol Pablo, escribía sus cartas o epístolas NUNCA lo hizo para que las
leyeran millones de personas sino para que las leyeran “algunos”? Ejemplo: Te
escribo a ti… Timoteo (1ª Timoteo 1:1); Carta a… Tito (Tito 1:4); Amado…
Filemón (Filemón 1:3); aunque en ocasiones sí les escribió a grupos pequeños
específicos como lo vemos en Gálatas 1:2; Efesios (Efesios 1:1); o, en 1ª y 2ª
Corintios)… sin imaginar que con el tiempo casi la mitad del Nuevo Testamento
iba a ser formado por esas cartas… por eso escribimos, repetimos, salvando las
distancias.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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