El verdadero Tabernáculo.
Hace unos días salió publicado un mensaje en las redes
sociales: “El conductor de un vehículo chocó otro manejado por una jovencita,
cuando la jovencita se bajó a ver cómo se arreglaba la situación, el conductor
del vehículo culpable no sólo no se hizo responsable sino intimidándola, se excusó
que no podía perder tiempo porque le tocaba predicar y se fue”. Señalamos: “No
es un patrón, es un caso aislado”. Pero el punto es el siguiente: ¡Cuánto nos
señalan a las personas que no asistimos a una congregación!: “Que somos
llaneros solitarios”; “Que estamos peleando con Dios”; “Que estamos fuera de una
cobertura”, etc. En la práctica, ¿Quién
es más digno de confianza, el que cumple la palabra o el que dice cumplirla? El apóstol Pablo nos recomienda: “Procurando las cosas honrosas, no sólo
delante del Señor sino también delante de los hombres" (2ª. Corintios
8:21). No es a manera de excusa sino solamente un ejemplo: ¿A qué congregación
asistió David, Juan el Bautista, el mismo Cristo (al cuál dicho sea de paso, más
bien lo expulsaron de la congregación en lugar de acogerlo en su momento), los Discípulos,
Pablo, los profetas antiguos? Y… todos, nos dan buen ejemplo. Un ejemplo muy
específico, Elías se queja con el Señor porque sólo él ha quedado adorándolo y
siguiéndolo, y cuál es la respuesta de Dios: “Como tú, hay siete mil en Israel”
Pregunta: ¿En dónde estaban? ¿De haber estado en el Templo o en una congregación,
no cree usted que Elías los hubiera reconocido? (1ª Reyes 19:18). Entendamos
ya, porque no hay tiempo… NOSOTROS somos el verdadero Tabernáculo. Lo otro, es
un negocio, lo dijo Cristo: “Habéis hecho de la casa de mi Padre, una cueva de
ladrones” (Mateo 21:12-16, Lucas 19:45-47 y Juan 2:13-16).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa
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