El que permanece en MÍ (Parte uno)

 


Preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿Quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?  Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. (Juan 9:2-3). Si Cristo no hubiera sido expulsado de las sinagogas, NUNCA hubiera existido un verdadero cristianismo. Quizás ahora logramos entender mejor lo siguiente: Cristo les dice a sus discípulos: “Permaneced en mí, y yo en vosotros… porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:4-5). Hoy, más que nunca, puesto que ya estamos en el final de los finales días (Hebreos 11:1-2), éstas palabras son verdaderas: NADIE que siga a Cristo podrá ser parte declarada de una sinagoga (congregación o iglesia) más pronto de lo que imaginamos. ¿Por qué? Por dos razones: Primera, viene una gran persecución profetizada por Cristo en los evangelios (ya lo vivimos en el 2020). Y, segunda, ya no están siendo dirigidas “espiritualmente” sino materialmente: “Salid de en medio de ellos, y apartaos dice el Señor, porque vosotros sois el Templo” (2ª Corintios 6:16-17). En otra porción dice: “Y se entregarán unos a otros” (Mateo 24:10), mencionar a un JESÚS puro y sin intereses en un reino que NO es de éste mundo, será la causa de ser expulsados HOY en día de las congregaciones. Jesús dijo: “Permanceded en mí… NUNCA dijo permaneced en la congregación” (Juan 9:22).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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