No pases los linderos antiguos.
¡Cuánto se puede hablar o escribir de la injusticia en éste mundo!. Desde que el hombre existe sobre la faz de la tierra, existe la injusticia. Fue una injusticia, que el hombre le fallara a Dios habiéndole dado su creador todo y para siempre (Génesis 1:26). Fue injusto, que por celos Caín asesinara a su hermano menor Abel (Génesis 4:8). Fue injusto, que por miedo, Abraham entregara a su esposa Sara a faraón para que conviviera con él (Génesis 12:19). Y, fue injusto, que un hombre justo y perfecto, pues venía de reino de los cielos como Hijo de Dios, padeciera por los pecados de todo aquél que le recibiera de corazón (Isaías 53 y Juan 3:16). Sí, la injusticia reina en el corazón del hombre desde la caída en el huerto, y lamentablemente, permanecerá hasta el final de los tiempos, de hecho, será una de sus causas. En Proverbios 22:28 se nos enseña: “No muevas los linderos antiguos que pusieron tus padres”. Y, en Proverbios 23:10 se nos explica el verdadero motivo de la corrupción...