La sangre de tu hermano clama desde la tierra.

 

 

Existe una ley que muchas personas desconocen y están pecando en contra de Dios precisamente por ese desconocimiento, desconocimiento que todo creyente no debiera tener: “Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado” (Levítico 17:14). Ahora bien, en otro orden de ideas, si comer la sangre de un animal, es una falta grave contra Dios, imaginemos lo que significa “derramar” (matar) la sangre de un ser humano. Miremos las consecuencias de lo que sucedió con el primer crimen de la historia: Inmediatamente que Abel muere Dios le reclama a Caín y lo recrimina ¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano CLAMA (recordemos que cuando hay clamor es porque se espera una respuesta) a mí desde la tierra (Génesis 4:9-10). Y entonces viene lo grave del asunto, la consecuencia, la sentencia, la respuesta: “MALDITO seas tú de la tierra” (Génesis 4:11). Y vemos el resultado de esa maldición: “La tierra no te dará buen fruto, serás errante y extranjero sobre la tierra” (Génesis 4:12), y por si eso fuera poco: “La presencia de Jehová no iba a estar más con él”, y esa, es una confesión y aceptación del mismo Caín (Génesis 4:14).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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