Por eso el juicio de Dios empieza en casa. (Parte uno)

 


 

Dios, desde el principio cuando liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y Faraón, dió un liderazgo sacerdotal con dos motivaciones: La primera, ser un intercesor entre Dios y el pueblo, pues debido a la conciencia que tenía el pueblo de su pecado, temía morir si Dios les hablaba directamente (Exodo 20:19); y la segunda, preparar la venida del Cordero que iba a redimir al mundo con la práctica del sacrificio de los corderos (Génesis 22 y Hebreos 10). Pero ¿Qué fue lo que sucedió con el tiempo?, ese oficio fue “PROSTITUIDO” por los descendientes de Aaraón, veamos: En el libro de Ezequiel, capítulo 34 y versos 2-4, Jehová le ordena al profeta decir lo siguiente: “Hijo de hombre, profetiza CONTRA los PASTORES de Israel; profetiza, y di a los PASTORES: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se APACIENTAN a sí mismos!  Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis ENSEÑORIADO de ellas con dureza y con violencia”.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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