Por eso el juicio de Dios empieza en casa. (Parte final)
Cristo inicia su ministerio en silencio pero poco a poco va
tomando fama, pues aunque él dice en cada milagro: “No se lo digáis a nadie”,
el rumor va creciendo con el tiempo hasta que la resurrección de Lázaro es el
climax de su manifestación y es imposible ocultar quién es El. Lo que provoca
que los sacerdotes planeen, no solamente la muerte de Cristo sino también la de
Lázaro (Juan 12:9-11). Los sacerdotes (religiosos, líderes, fariseos o como
usted los prefiera nombrar), habían ya PROSTITUIDO el Ministerio Aarónico a tal
grado, que Cristo los desnuda en Mateo 23, cuando en público les dice varias
veces: “Hipócritas”; “Generación de víboras”. En otra ocasión les dice: “Habéis
hecho de la casa de oración de mi Padre, CUEVA DE LADRONES” (Mateo 21:13,
palabras que Jeremías había también expresado en 7:11, siete siglos antes). Y,
por eso, la sentencia que Dios dió desde el inicio de los últimos tiempos hace
dos mil años (Hebreos 1:1) fue, que los juicios vienen, PERO, es NECESARIO:
“Qué, comiencen por la casa de Dios”
(1ª Pedro 4:17). Pregunta: ¿Ante la innegable precisión con la cuál se está
comportando hoy la llamada “Iglesia” tan idéntica a aquellas dos épocas de la
historia? ¿Por qué el resultado o la sentencia tendría que ser diferente? De
ninguna manera: ¡El juicio viene sobre el mundo! PERO empezará en casa, y los
primeros avergonzados y juzgados serán los MERCADERES, hasta ser eliminados
(Zacarías 14:21).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa
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