Cuando entendemos y cuando no entendemos.
Había ocasiones en las cuales los apóstoles NO entendían lo
que Cristo les decía, entonces preguntaban la razón, ejemplo: ¿Señor, por qué
les hablas por “parábolas”, por qué no les hablas abiertamente? (Mateo
13:13-15). Y el Señor les explicaba la razón. Pero, había otras ocasiones en
las cuales les hablaba de situaciones o temas que ellos sí conocían y
entendían, razón por la cuál ellos no custionaban nada, veamos: “En la casa de
mi Padre hay muchas moradas, y yo voy a preparar una para ustedes” (Juan 14:2).
Preguntamos: ¿Por qué nadie preguntó acerca de las moradas?. Respuesta, porque
ese tema ellos sí lo entendían, sí conocían que en donde vive el Padre hay
muchas moradas. Y, ¿Cómo lo sabían?, porque en el tiempo de los apóstoles y
hasta el siglo cuarto, habían libros que hoy se consideran “apócrifos o
descalificados” pero que eran reconocidos, estudiados y predicados por los
judíos, el Libro de Enoc es uno de ellos (Judas el apóstol da fe 1:14
mencionándolo como profeta reconocido, sin que NADIE lo cuetionara), y allí se
mencionan las moradas celestiales las cuales Enoc conoció en persona cuando fue
transportado a los cielos y describió en detalle, narrándolos en los capítulos
17-36 de sus escritos. ¿Comprendemos el mensaje? Cuando alguien habla de algo
que conocemos no hacemos preguntas, pero, sí las hacemos, cuando no entendemos
o conocemos el tema.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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