Dios, hombre, mujer. (Parte final)
Habiéndo hablado Dios a Adán que no comiera de cierto
fruto, vino Eva y tomó la decisión de comerlo, y las consecuencias fueron la
maldición de la tierra, así cómo los dolores de parto y la sumisión de la
voluntad de ellas hacia los hombres (Génesis 3:16-17). Dios había hablado a
Abraham que de su simiente con su mujer Sara iba a venir el hijo de la promesa,
pero Sara tomó la decisión de entregar a Agar, y la consecuencia es una
enemistad entre las familias de Abraham, que dura ya cuatro milenios (Génesis
15:4;16:1-3 y 21:9-10). Y, habiendo establecido Dios el sacerdocio Aarónico, el
día de hoy, la Iglesia comete dos graves errores: El primero, establece una
jerarquía en donde la mujer debe someterse primero a las autoridades de la
congregación que a su marido; y, segundo, permite que la Iglesia sea dirigida
por mujeres.
¿Qué suena machista? Es posible, pero lo que Dios
estableció, el hombre no puede ni debe cambiarlo. Pues la historia demuestra
los resultados negativos debido a que la mujer es más susceptible de caer en la
malvada influencia de los ángeles caídos (1ª Corintios 11:10). Ejemplo:
Conocemos a un matrimonio que el Señor les ha dado el ministerio de cubrir
viudas, mujeres divorciadas y mujeres solteras, y, en el mundo NO tenemos idea
de la NECESIDAD de un liderazgo sano y puro del que ellas carecen. No estamos
diciendo que la mujer NO tenga valor alguno, lo que decimos es que Dios ha
provisto al varón de una sensatez, previsión y madurez emocional mucho mayor,
por ello lo puso por cabeza.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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