Mostradme la moneda.
Los fariseos se acercan a
Cristo para tentarle, y le dicen: ¿Es lícito dar tributo al César? Y Cristo
responde: “Mostradme la moneda”, que en ese momento era un denario en donde
estaba la figura del César (Lucas 20:24). Luego de examinarla cierra la
conversación diciendo: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de
Dios” (Lucas 20:25). En la vida cotidiana, cuando alguien pide asesoría por
conflictos con vecinos, amigos, jefes, parientes, y, especialmente en el
matrimonio. Cuando nos presentamos “solos” a dicha asesoría, lo más seguro es
que el culpable sea el “otro”, quien no llegó, quien no está para defenderse o
para poder exponer sus puntos de vista. Cristo aquí nos está dando una enorme
lección: “Siempre hay que ver las dos caras del denario”. Criticamos a los
adúlteros, pero sin escuchar qué carencias tenía con la pareja (aunque no lo
estamos justificando, sólo exponiendo); condenamos al que aparentemente da
poco, pero no nos dicen que lo es de él, es para todos; y lo de las otras
personas, es solamente de las otras personas; señalamos que recibimos poco,
pero no declaramos lo mucho que se recibe pues la otra persona da todo lo que
tiene y puede. Alguien se queja de recibir poca atención, pero no dice que por
el contrario, el otro no es servido. Por ello, viene como anillo al dedo que
siempre hay que decir: Mostradme el otro lado de la moneda.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa
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