Todos somos Pilatos.
Cada vez que sucede algo que no es loable, NADIE quiere ser
el responsable. Quizás está en la condición humana desde la caída en el Edén,
pues desde allí, Adán le echó la culpa a Dios por la mujer que le había dado;
Eva le echó la culpa a la culebra por las mentiras, y, la serpiente se hizo la
loca quedándose calladita (Génesis 3). Es increíble la capacidad humana que
tenemos para “lavarnos las manos” cada vez que sucede algo negativo, malo o
desagradable. Y por eso, es que se ha hecho tan popular la frase: “Como dijo
Pilatos, yo, me lavo las manos” (Mateo 27:24). Ahora entendemos el por qué,
cuando algo sale mal, vemos y escuchamos situaciones como éstas: “Yo, ni cerca
estuve”; “Yo, ni sabía lo que había pasado”; “Ese día yo no vine”, etc. PERO,
pero, pero, cuando algo sale perfecto o cercano a la perfección, entonces
escuchamos o decimos: “Fijate que ayer pensé en eso”, y, “Te lo iba a decir
fíjate”; o, el famoso “Yo también hubiera hecho lo mismo”; o más severo aún “Yo
ya lo había dicho pero nadie me escuchó”, etc. Entendamos algo: TODOS SOMOS
PILATOS.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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