Y Dios estaba con el muchacho.

 


 

“Y el muchacho alzó la voz, y lloró; y escuchó Dios la voz del muchacho” (Génesis 21:16-17). Cuando leemos éstas líneas, creeríamos que se están refiriendo a algún “elegido” de Dios. Sin embargo, cuando leemos la historia completa, nos damos cuenta que no es así. En ese momento, se estaba refiriendo precisamente a alguien que sería enemigo de su “elegido” Isaac, pues ese muchacho era Ismael, el hijo de Agar la sierva de Sara, quienes habían sido expulsados del campamento. Y, Dios, luego de escuchar el lloro y la angustia del muchacho y su madre, les hace una provisión de agua y una promesa: “Mujer, NO TEMAS levanta a tu hijo, Y sostenlo en tu mano, pues yo haré de él una gran nación”, lo cuál se cumplió pues hoy conforman el multitudinario pueblo árabe  (Génesis 21:17 final). ¿Cuál es la lección para nosotros? Sencilla, si Dios escucha, responde y atiende las necesidades de alguien que sería enemigo de su elegido, cuánto más no nos escuchará a nosotros, cuando sea necesario, siendo que ya somos parte de su pueblo (Romanos 5:8).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa   

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