La doctrina buena y la mala
“Para que ya no
seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por
estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del
error” (Efesios 4:14). Palabras muy duras dichas por el apóstol Pablo a los
creyentes en Efeso. Pero bien, lo importante aquí es la “doctrina” a la cuál el
apóstol se refiere y los términos en los que lo hace, veamos: Punto uno, sólo
un niño cree ciegamente en lo que le dicen (inocentemente sin investigar);
punto dos, hay hombres que se suben al púlpito no con doctrina sino con engaños
(estratagemas); y punto tres, lo hacen intencionalmente, por motivos oscuros y
egoístas, pues dice que lo hacen con astucias pero que son trampas y errores.
Ahora bien, ¿Cómo entonces podemos comprobar si lo que nos enseñan es doctrina
verdadera?. El apóstol nos da la clave: “Tiene que ser la doctrina de los
apóstoles verdaderos”, o sea, los 12 originales, la que Cristo les enseñó y él
practicaba, y la misma que predicaba el apóstol Pablo (Hechos 2:42), quien,
también recomienda que cuando no es esa la doctrina: “Os apartéis de ellos”
(Romanos 16:17). Ejemplo: Si nuestro líder nos hace declarar, proclamar,
decretar prosperidad y paz, estamos ante un astuto engañador. Huyamos de él.
Porque la escritura dice: “Todo el que quiera vivir piadosamente… sufrirá
persecución” (2ª Timoteo 3:12).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa
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